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[Smena Symbol] (08.2008) El carrete perdido

En verano me pillé la Smena Symbol a un tipo por ebay, la verdad es que como cámara vintage está curiosa; la verdad ha sido una oportunidad para tener una verdadera Lomo  sin pagar la estallada que cobran en Ebay por la LC-A

 

El caso es que pille la symbol y me vino jodida, con lo cual el ebayer me mando otra que tampoco es que vaya muy bien, tiene un problema en el rail de la película. Las muescas que mueven la película literalmente se cargan las tiras con lo cual tienen problemas para escanearlas en los laboratorios.
En el caso de este rollo la cosa fue peor, ya que la película se quedo dentro y el del laboratorio se negaba a hacerlo porque podía fastidiar la máquina. 

Unas semanas después fui a ver a Toni a Foto 3 en Los Llanos de Aridane y se lo deje para que me lo intentará solventar. El tema fue que me volví a la península y en navidades tuve un despiste máximo al no irlo a buscarlo; pero ya los tengo escaneados (no sé cuantos negativos puedo tener por escanear).

[SMENA SYMBOL] Salemeras

Me encanta esta foto, supongo que será porque me trae recuerdos.

[SMENA SYMBOL] Las salemeras

El aspecto vintage que le da la cámara es algo que me encanta

[SMENA SYMBOL] Las salemeras

Tengo que decir que las fotos no están muy editadas, lo justo para corregir el escaneo.

[SMENA SYMBOL] Las salemeras

[SMENA SYMBOL] Escaleras

[SMENA SYMBOL] Nitrato de Chile

Nitrato de Chile

[SMENA SYMBOL] Vintage ad!

Cartelería vintage

[SMENA SYMBOL] en la guagua

[SMENA SYMBOL] Bus Stop

[SMENA SYMBOL] Lost boat

Espero que os hayan gustado las fotos ^^

Aquella playa del 93

DOMINGO, 16 DE NOVIEMBRE DE 2008
SANTA CRUZ
Aquella playa del 93
Cuando Santa Cruz de La Palma se encuentra inmersa en el análisis de la futura gran playa de la ciudad, sería bueno recordar que hace ya quince años la ciudad perdió una zona de baño tan peculiar como familiar.

V. MARTÍN, S/C de La Palma

Era el año 93. Santa Cruz de La Palma perdía su principal puerta de entrada al mar. Las necesidades del progreso, de un puerto añejo que quería extenderse, fue el argumento utilizado para entullar la playa del Roque. Hubo oposición. Mucha. Desde fuera de las instituciones. Pero, aún con todo, hace ya 15 años que la capital no tiene playa.

Unas escaleras empinadas, junto al Real Club Náutico, que nadie quiso tocar, daban acceso a la coqueta playa. Al fondo, inerte al paso del tiempo, casetas y barcas de pescadores otorgaban un aire, una imagen, pintoresca, distinta, que desde la lejanía era “observaba” por el actual, más pequeño, puerto comercial.

Era habitual que los usuarios, sobre todo los más jóvenes, se subieran, al menos lo intentaran, a las embarcaciones fondeadas a cierta distancia de la orilla, aveces, incluso, ante la “bronca” de su propietario o de un amigo cercano. Atrás también queda el varadero o la escalera al pie del propio Club Náutico. Era, en el fondo, una playa “familiar”, donde todos, casi todos, se conocían y en la que era difícil encontrar resquicios para la intimidad. Antaño, no hace tanto, había que mirar más lejos, hasta Los Cancajos, donde el lugareño se entremezclaba con el visitante, para que las señas o más que señas de complicidad quedaran en la privacidad.

La playa de Bajamar, a escasos metros de la antigua zona de baño, a menos de un kilometro, no “rompe” el recuerdo. Ni tan siquiera lo altera. Son dos playas distintas. Dos baños contrapuestos. Quizás el agua no fuera tan clara, la seguridad no rayaba lo exigible, pero Santa Cruz de La Palma llegaba al Roque con la toalla sobre el hombro. Los “intrépidos”, seguramente no tanto, tampoco olvidan la “playa de las olas” que, en verdad, no era playa ni era “nada”. Bueno sí, una cala de riesgo bien medido. Un rincón natural para el desahogo.

Salvar la playa. El 1992 nació “Salvar la playa”. Un colectivo ruidoso, de gente comprometida, con ciertas dosis de ecologismo verdadero, de aquel que recuerda a la mochila y la pancarta. Lo tuvieron claro. No necesitaron mucho tiempo para entender que aquello, lo que estaba proyectado, era un atropello al futuro de la ciudad. La cegaba entre cemento, arena y contenedores. Nadie más lo vio. Bueno sí, lograron 6.500 firmas que apoyaban su única reivindicación. Querían seguir bañándose en el Roque. El día 4 de noviembre de 1992, un grupo de 300 personas impidieron el vertido de escombros para la ampliación del puerto. Exigían que la obra se sometiera a la evaluación de impacto ambiental. Fue un acto reivindicativo que caló en mucha gente, aunque no en los “influyentes”.

La voz de la plataforma no se quedó en la Isla, ni tan siquiera en Canarias. Fue un poco más lejos. Mucho más lejos. En 1993, la Comunidad Europea pedía explicaciones sobre las obras que afectaban a la playa. En junio de ese mismo año se abrió una puerta a la esperanza. “Salvar la playa” anunciaba que Política Territorial paraba las obras al entender que habían otras alternativas para la ampliación del muelle. No fue real. La Autoridad Portuaria, que por aquel entonces dirigía Pedro Anatael Meneses, tenía puesta “la directa”. Todos los indicios apuntaban a que las obras rayaban ciertamente la ilegalidad, pero entre palas, bajo aquellas grandes ruedas, la playa moría.

Obras ilegales. Ya sin zona de baño, con la bahía vacía, cuatro años más tarde, era 1997, el Tribunal Superior de Justicia de Canaria dictó sentencia por la cual declara la ilegalidad de las obras de ampliación del puerto de Santa Cruz de La Palma por incumplimiento de la normativa sobre evaluación de impacto ambiental y pidió 200 millones de las antiguas pesetas de aval para paralizarlas, algo que fue imposible de lograr para un grupo de “guerrilleros” sin apoyos institucionales.

Puertos optó por recurrir, se creyó en poder de la razón, y se fue al Tribunal Supremo, que en 2005 resolvió a favor de la plataforma ciudadana, a favor, en verdad, de la ciudad que defendían, que diseñaron, aquellos “locos” con olor a salitre. Sí, es cierto, ya era demasiado tarde. Los contenedores se adueñaron de la entrada sur de la ciudad.

La gran playa. Ahora, cuando ya una generación de adolescentes no vivió aquel pasado, el ayuntamiento de la capital trabaja para la construcción de la gran playa, que estará ubicada en la avenida Marítima. Inversión millonaria, motivos artificiales para protegerla, y sensación de modernidad. Ya no será el 93, quizás ni el 2010, quién sabe, algunos de los que formaron “Salvar la playa” tal vez no la puedan ver, pero se plantea como el recurso fundamental para captar a un turismo de calidad. Será la diferencia, antes al Roque sólo iban los “vecinos”.

La verdad es que yo no tengo muchos recuerdos de esta playa, ya que tenía cinco años cuando se la comieron los políticos con papas fritas para ampliar el muelle, pero siempre me queda una “pena” con que todo lo que es lo de siempre se cambie en “aras del progreso”.

El lugar donde estaba esa playa fue donde rode aquellos locos cortometrajes llamados “Metal Tupperware Solid” en el año 2005.

Adios al cine Víctor si no hacemos algo

Si bien ayer leí en el escobillón de Eduardo García Rojas su carta de despedida al cine Chimisay, que forma parte de mi infancia pero no tanto como de la suya, hoy me temo que toca escribir otra muerte anunciada.
Esta mañana leyendo El Día me encontré con el siguiente titular: “El Cabildo de Tenerife dejará la gestión del cine Víctor el próximo 31 de diciembre”
Se les acaba el contrato y el cine se queda huérfano y en estos tiempos de multisalas en centros comerciales le veo muy poco futuro al Víctor. Aparte de eso la filmoteca se queda sin sala donde proyectar su ciclo de cine y demás proyecciones.

Hace unos meses estuve por Tenerife y pase por toda la zona anteriormente conocida como los cines y me da una pena increíble ver todas esas salas cerradas (quitando el Renoir Price que a ver cuanto aguanta) ver las carteleras de los otros cines y me traen recuerdos de cuando era enano y mis padres me llevaban al cine algún que otro domingo si me portaba bien.

Es una pena lo que se está haciendo con los cines en toda España y en Canarias en particular es algo que me duele mucho. Acaso no se podría encargar el ayuntamiento del Puerto de La Cruz de mantener el Chimisay o Ani Oramas podría sacarle algo más de partido al Aguere aparte de alguna que otra cosa esporádica.

Sólo espero que cambien las cosas de aquí a poco y no cierren el Víctor no solo por el CINE (801 butacas) sino por la obra arquitectónica que es y el valor histórico y cultural que tiene. Tanto dinero para subvencionar el cine canario, que no estoy en contra de las subvenciones del audiovisual en Canarias, al contrarío, pero creo que podrían dedicar un poco de recursos a mantener este pedacito de historia.

La verdad es que la noticia me ha chafado el día y en el caso de que no pase nada (cosa que espero que no pase) el día veinte de diciembre cuando vuelva de la península me iré a despedir del Víctor para siempre; lo miraré con los ojos del niño de cinco años que entró allí por primera vez a ver Pocahontas, que se sentía emocionado por estar en el palco y después se irá como todas las cosas buenas de la infancia.

Palco 1