Érase una vez una tía desconocida y un taxista

La historia empieza unas veinticuatro horas antes cuando salía del piso de mis amigos donde me estaba quedando en Las Palmas y cogimos un taxi para ir a Santa Catalina.

El taxista es una especie aparte de la humanidad; son entrañables, cómicos, impredecibles e incluso pueden ser familia tuya sin que tu no lo sepas (en mi isla, al menos).

A lo que iba; no llevábamos más de cuatrocientos metros cuando el coche se quedo parado en un semáforo y ocurrió la memorable escena.

– Pelli dile algo a las pibas esas, dije yo
– Qué va… paso paso.

En ese momento el taxista bajó la ventanilla del taxista y espetó:
– Miren chicas tengo tres hombres aquí dentro para ustedes, se quieren subir.

Yo la verdad es que no salía de mi asombro ante ese ataque de *Celestino que le había dado, el caso que las chicas pasaron del señor taxista y de nuestras mercedes evidentemente.

Arranca del semáforo y nos empieza a dar su “speech” sobre las mujeres

– Las mujeres ya ahora sólo se arrejuntan con mujeres, el otro día subí a una pareja de chicas y se pusieron a besarse en el taxi, y de veces por el radio taxi que me han llamado a buscar y están en la calle haciendo sus cosas… Esto no puede ser, normal que “hayga” tantos gays.

La verdad es que he escuchado burradas más grandes a los taxistas pero es que ahí no queda la cosa; le hicimos pasar la prueba de fuego, que termino en un incendio peor que el que devastó el sur de Gran Canaria; me puse a hablar con Pelli sobre el porno que tenía en el disco duro.

Al medio minuto nos dijo una frase que me estremeció, que nunca, nunca esperaría escuchar de un taxista cincuentón:

– ¿Ustedes saben quién es Mandingo (SI, MANDINGO, el actor porno)?

Por si no hay personas doctas leyendo este post sobre el asunto de actores porno, yo no es que sea aquí un estudioso de la pornografía pero Mandingo es Mandingo (Mandingo es un negro con un pene que lo podrían como toallero, pero de las toallas de ducha, no las de mano).

Pero la cosa no se queda aquí, la conversación sigue y nos suelta un comentario sobre el porno digno de estudio:

– Ya no saben que hacer, el otro día vi una película de un burro que se montaba a una hembra (humana se entiende) y otra de una hembra que se la chupaba a un perro.

Si, estaba viajando con un fan de los negros con pollas de 30 centímetros y la zoofilia o como decía Kinky Kelly en Clerks 2 “Sexo entre especies”.

Al día siguiente fui al paraninfo con Pelli y después de conocer el local y su idiosincracia (la zona fumada, la de zona de metaleros y la zona de la entrada) ¡vi a una de las chicas del semáforo!

Las saludamos y le contamos la historia del taxista, ella me dijo que era lesbiana (pensaría que me la estaba intentando ligarmela), que tenía veinticuatro años, que estudia segundo de bachillerato y que quería estudiar psicología.

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